Cruzar el Estrecho de Gibraltar a nado no es una prueba cualquiera. Es un desafío físico, mental y emocional que une dos continentes, dos mares y dos orillas cargadas de historia. Desde Tarifa hasta Ceuta, cada brazada supone una lucha contra las corrientes, el cansancio, el frío, el viento y ese respeto inmenso que impone una de las zonas marítimas más transitadas y exigentes del mundo.

