Mi Rincón
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No está mal que una ciudad reciba a las empresas con alfombra roja. Al contrario, es una señal de que se quiere atraer inversión y empleo. La reciente acogida institucional a MGI, con el presidente de la ciudad y el de la autoridad portuaria, el señor Doncel, proyecta una imagen de seriedad y compromiso que, en principio, es positiva. Las empresas valoran estos gestos, y los ciudadanos también, porque detrás suele haber oportunidades.

No está mal que una ciudad reciba a las empresas con alfombra roja. Al contrario, es una señal de que se quiere atraer inversión y empleo. La reciente acogida institucional a MGI, con el presidente de la ciudad y el de la autoridad portuaria, el señor Doncel, proyecta una imagen de seriedad y compromiso que, en principio, es positiva. Las empresas valoran estos gestos, y los ciudadanos también, porque detrás suele haber oportunidades.

Pero entonces surge la pregunta incómoda: ¿por qué no se actuó igual con Leroy Merlin? Si se defiende un modelo de ciudad abierta a la inversión, lo lógico es que ese criterio sea uniforme. Sin embargo, lo que percibe la gente es que unas empresas reciben trato preferente mientras otras pasan sin pena ni gloria. Y esa diferencia no es un detalle menor, porque alimenta la sospecha de que no todos juegan con las mismas reglas.

Aquí es donde el discurso oficial empieza a hacer aguas. No basta con decir que cada caso es distinto si no se explican esas diferencias con claridad. ¿Qué cambió entre una empresa y otra? ¿Qué factores justifican ese contraste en el recibimiento institucional? Si hay razones técnicas, urbanísticas o estratégicas, lo mínimo exigible es que se pongan sobre la mesa. El silencio, en estos casos, no ayuda.

Lo preocupante no es solo la posible desigualdad de trato, sino la imagen que proyecta el gobierno de Vivas. Da la sensación de improvisación o, peor aún, de decisiones tomadas con criterios poco transparentes. Y en política, cuando faltan explicaciones, sobran las sospechas. No se trata de atacar por atacar, sino de pedir coherencia y respeto hacia todos los actores económicos.

Porque al final, lo que molesta no es que se reciba bien a una empresa, sino que no se trate igual a todas. Y eso, por mucho que se quiera maquillar, deja un regusto amargo. Si el gobierno tiene una explicación, es el momento de darla. Si no, lo que queda es una sensación de poca vergüenza que no debería formar parte de la gestión pública.

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Ceuta, Domingo 02 de Agosto del 2026

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