Ceuta se despierta hoy con ese cosquilleo especial que traen las grandes citas. No es para menos: más de 1.400 personas llegan desde distintos puntos de España para participar en el Festival Scout, llenando la ciudad de mochilas, pañoletas y ganas de compartir. Es de esos eventos que no solo ocupan espacios, sino que también dejan huella.
Ceuta se despierta hoy con ese cosquilleo especial que traen las grandes citas. No es para menos: más de 1.400 personas llegan desde distintos puntos de España para participar en el Festival Scout, llenando la ciudad de mochilas, pañoletas y ganas de compartir. Es de esos eventos que no solo ocupan espacios, sino que también dejan huella.
El escultismo siempre ha sido mucho más que acampar o hacer nudos. Es una forma de entender la vida, basada en valores como el respeto, la convivencia y el compromiso. Que Ceuta sea el escenario de este encuentro dice mucho: es una ciudad pequeña en tamaño, pero enorme en capacidad para acoger y conectar culturas.
Durante estos días, calles, plazas y rincones se llenarán de actividad, risas y aprendizaje. Y eso, en los tiempos que corren, es casi un regalo. Ver a jóvenes de distintos lugares convivir con naturalidad, compartir experiencias y construir comunidad debería ser algo más habitual, no una excepción.
Además, el impacto no es solo emocional. Eventos como este también dinamizan la economía local, dan visibilidad a la ciudad y refuerzan su imagen como un lugar abierto y acogedor. Es una oportunidad que va más allá del propio festival.
Así que ojalá Ceuta aproveche cada momento. Que quienes llegan se lleven un recuerdo imborrable y que quienes ya están aquí redescubran su ciudad a través de los ojos de quienes la visitan. Porque, al final, de eso va todo esto: de encontrarse, compartir y crecer juntos.
