Es inadmisible que una empresa municipal pública como Servilimpce, que debería ser ejemplo de transparencia y gestión, se vea salpicada por la vergonzosa traición de aquellos que, desde el Consejo de Administración, deberían velar por su buen funcionamiento. No estamos hablando de la crítica legítima de sindicatos o de las dudas razonables de los trabajadores, sino de la filtración de documentos confidenciales por parte de una fuente administrativa, supuestamente uno de los designados por el Gobierno o los partidos políticos para garantizar la integridad de la empresa.

