Teresa López ha vuelto al Pleno y, con su presencia, ha dejado al descubierto el desastre interno de Vox en Ceuta. Su regreso no es solo el de una exdiputada, sino el de un fantasma de los tiempos en los que este partido aún tenía estructura y estrategia. Ahora, lo que queda es un solar político donde Juan Sergio Redondo, convertido en un aniquilador de su propio partido, ha dejado a Vox en la ruina. Un líder que destruye en lugar de construir solo puede llevar a su formación al abismo.
Teresa López ha vuelto al Pleno y, con su presencia, ha dejado al descubierto el desastre interno de Vox en Ceuta. Su regreso no es solo el de una exdiputada, sino el de un fantasma de los tiempos en los que este partido aún tenía estructura y estrategia. Ahora, lo que queda es un solar político donde Juan Sergio Redondo, convertido en un aniquilador de su propio partido, ha dejado a Vox en la ruina. Un líder que destruye en lugar de construir solo puede llevar a su formación al abismo.
Carlos Verdejo desempeñó su papel de soldado fiel y ahora está defenestrado, quedando en evidencia que ha sido utilizado. En su momento, fue el ariete con el que Vox arrasó en Ceuta, pero hoy es una de las piezas sacrificadas. Y luego está Teresa López, que en su día no tuvo reparos en acabar con sus propios compañeros sin escrúpulos y que ahora es la marginada. Ironías de la política: quien empuñó el cuchillo ha acabado apuñalada por los suyos.
Mientras tanto, Francisco José Ruiz, "Pachi", parece haber optado por la estrategia del silencio. Da la impresión de que todo le parece bien y que tiene buenas tragaderas, lo que en un partido con tanto conflicto interno no es precisamente un defecto. Pero su actitud pasiva tampoco ayuda a construir nada. Y del resto… ¿alguien sabe ni quiénes son? Vox Ceuta ha pasado de ser un partido con peso en la ciudad a un grupo irrelevante donde apenas se reconoce a sus propios miembros.
Lo mismo ocurre con Solidaridad, la marca sindical de Vox, que parece un cascarón vacío sin influencia ni presencia real. Al final, lo que queda es una formación rota, con un liderazgo tóxico y un futuro cada vez más incierto. Si este partido estuviera en otras manos, probablemente no estaría en esta situación. Pero con Redondo al frente, el destino de Vox en Ceuta parece estar sellado: la autodestrucción.
