Es curioso cómo algunos políticos parecen tener siempre la receta perfecta para lo que deben hacer los demás, pero nunca aplican el cuento en casa. Ahora los socialistas piden un plan de ahorro de agua en las instalaciones públicas. Muy bien, nada que objetar; todos debemos ser responsables con un recurso tan valioso. Sin embargo, sería mucho más convincente si empezaran el ejemplo desde dentro, porque el agua, además de ahorrarla, hay que ganársela.
Es curioso cómo algunos políticos parecen tener siempre la receta perfecta para lo que deben hacer los demás, pero nunca aplican el cuento en casa. Ahora los socialistas piden un plan de ahorro de agua en las instalaciones públicas. Muy bien, nada que objetar; todos debemos ser responsables con un recurso tan valioso. Sin embargo, sería mucho más convincente si empezaran el ejemplo desde dentro, porque el agua, además de ahorrarla, hay que ganársela.
¿No sería un detalle que el vicepresidente de la Asamblea, miembro del PSOE, que se lleva 80.000 euros al año sin dar un palo al agua fuese el primero en mojarse? Al final, cuando se pide sacrificio, hay que predicar con el ejemplo, y no se ve mucho sudor en las filas socialistas. Si de verdad quieren que la ciudadanía crea en sus propuestas, nada mejor que una limpieza en su propia casa.
Además, la realidad es tozuda: la dirección del PSOE ha cambiado y el mensaje ha sido claro. Si en Madrid no los quieren, ¿por qué siguen empeñados en quedarse? Sería mucho más elegante dar un paso al lado, dejar que el nuevo rumbo tome las riendas y demostrar, con hechos, que lo que importa es el bien común y no el sillón.
En política, como en la vida, la coherencia es el mejor filtro para la credibilidad. Y cuando la ciudadanía ve un discurso lleno de exigencias pero vacío de ejemplos, el agua, por muy poca que haya, se les atraganta. Así que menos proclamas y más hechos, que al final lo que cuenta es dar la talla, no solo el agua.
