Hay historias que duelen más porque no deberían haber ocurrido jamás. El caso del asesinato de Mª Ángeles no es solo un crimen atroz; es también el retrato de una cadena de fallos, omisiones y silencios que, sumados, terminan costando vidas. Y en el centro de todo, un hombre que, según los testimonios, llevaba años mostrando señales claras de violencia, desequilibrio y desprecio hacia su propia familia.

