Hay silencios que pesan más que los discursos, y en política eso se nota especialmente. Mientras el ministro de Justicia se muestra especialmente locuaz para opinar sobre determinados jueces y procedimientos, llama la atención su mutismo ante otros casos que también generan dudas razonables en la opinión pública. No se trata de pedir pronunciamientos selectivos, sino coherencia: si se entra en el debate judicial, debería hacerse para todos, no solo para lo que conviene.

