La Sentencia
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Lo ocurrido este lunes en Ceuta no es una simple reunión institucional más. El encuentro entre SATSE y el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que lleva demasiado tiempo normalizándose: la sanidad pública funciona muchas veces al límite, sostenida más por el compromiso de sus profesionales que por una planificación eficaz.

Lo ocurrido este lunes en Ceuta no es una simple reunión institucional más. El encuentro entre SATSE y el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que lleva demasiado tiempo normalizándose: la sanidad pública funciona muchas veces al límite, sostenida más por el compromiso de sus profesionales que por una planificación eficaz.

La llamada Ley de Ratios no es un capricho sindical ni una reivindicación exagerada. Es, en esencia, una medida de sentido común. Garantizar plantillas completas no solo mejora la atención al paciente, también protege a quienes están al otro lado del uniforme. Porque cuando no se cubren bajas, vacaciones o permisos, la consecuencia es clara: más carga, más estrés y, al final, peor servicio. Y eso lo paga todo el mundo.

A esto se suma una lista de reivindicaciones que no son nuevas: jornadas de 35 horas, jubilación anticipada digna, conciliación real o desconexión digital. Son demandas que llevan años sobre la mesa y que, pese a avances puntuales, siguen esperando un impulso definitivo. Resulta difícil entender por qué cuestiones tan básicas siguen atrapadas en los ritmos lentos de la política.

En el plano local, la situación no mejora demasiado. Ceuta, catalogada como zona de difícil cobertura, sigue necesitando incentivos reales para atraer y mantener profesionales. Y mientras tanto, servicios esenciales como la atención en residencias o la enfermería escolar continúan sin garantizarse plenamente. No hablamos de lujos, sino de mínimos que cualquier sociedad debería dar por hechos.

Lo positivo, si hay algo que rescatar, es la disposición al diálogo. Pero dialogar no basta si no se traduce en decisiones concretas. La sanidad no puede seguir dependiendo de promesas ni de reuniones periódicas. Hace falta voluntad política, sí, pero sobre todo hace falta actuar. Porque cuidar a quienes nos cuidan debería ser, a estas alturas, una prioridad incuestionable.

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Ceuta, Miercoles 05 de Agosto del 2026

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