Pedro Sánchez cumplirá esta semana un año sin someterse al control del Senado. Un año entero esquivando preguntas incómodas, eludiendo explicaciones y despreciando, en definitiva, el papel de la Cámara Alta. Es un récord bochornoso, impropio de una democracia seria, pero muy acorde con el estilo autoritario y arrogante que caracteriza su mandato.
