Alberto Núñez Feijóo ha admitido lo que era evidente: Carlos Mazón no ha estado a la altura. Pero, en lugar de sacar conclusiones lógicas, lo mantiene bajo su manto protector, justificándolo como un mal menor frente a los ataques del Gobierno. Es decir, reconoce la falta de competencia, pero no está dispuesto a tomar medidas al respecto.
Alberto Núñez Feijóo ha admitido lo que era evidente: Carlos Mazón no ha estado a la altura. Pero, en lugar de sacar conclusiones lógicas, lo mantiene bajo su manto protector, justificándolo como un mal menor frente a los ataques del Gobierno. Es decir, reconoce la falta de competencia, pero no está dispuesto a tomar medidas al respecto.
Si un político no está a la altura de su cargo, lo lógico sería exigirle responsabilidades y, si es necesario, relevarlo. No se puede defender la regeneración y la meritocracia mientras se mantiene en el puesto a alguien que, según sus propias palabras, no cumple con lo esperado. La política no puede ser un juego de lealtades personales, sino de eficacia y compromiso con los ciudadanos.
La tibieza en las decisiones es un problema recurrente en el liderazgo político. No basta con señalar los errores si no se actúa en consecuencia. Feijóo está atrapado en un discurso de medias tintas que, a la larga, le pasará factura. O se es firme con la exigencia o se cae en la misma complacencia que critica en el adversario.
Si Mazón no ha estado a la altura, señor Feijóo, lo coherente sería pedirle que dé un paso al lado. Seguir justificándolo solo refuerza la idea de que en política los errores se toleran siempre que vengan de los nuestros. Y eso, más que una estrategia, es una irresponsabilidad.