La Autopista Nacional
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Pedro Sánchez cumplirá esta semana un año sin someterse al control del Senado. Un año entero esquivando preguntas incómodas, eludiendo explicaciones y despreciando, en definitiva, el papel de la Cámara Alta. Es un récord bochornoso, impropio de una democracia seria, pero muy acorde con el estilo autoritario y arrogante que caracteriza su mandato.

Pedro Sánchez cumplirá esta semana un año sin someterse al control del Senado. Un año entero esquivando preguntas incómodas, eludiendo explicaciones y despreciando, en definitiva, el papel de la Cámara Alta. Es un récord bochornoso, impropio de una democracia seria, pero muy acorde con el estilo autoritario y arrogante que caracteriza su mandato.

No presentarse al Senado no es solo una falta de respeto a la oposición, sino a todos los ciudadanos que tienen derecho a que su presidente rinda cuentas. Pero a Sánchez le da igual. Su Gobierno se ha instalado en la opacidad, en la propaganda y en el “ordeno y mando”, como si la crítica y el control parlamentario fueran un trámite menor, prescindible.

La estrategia es clara: evitar los espacios donde no controla la relación, donde no puede refugiarse en discursos vacíos y aplausos coreografiados. En el Congreso, al menos, cuenta con una mayoría que le ciega, pero en el Senado no puede esquivar la realidad tan fácilmente. La solución que ha encontrado es no dar la cara.

Lo peor es que esta actitud ya ni siquiera sorprende. Sánchez ha demostrado de sobra que su concepto de la democracia es el de una herramienta moldeable a su conveniencia. Y mientras tanto, España sigue gobernada a golpe de decretazo, con un presidente que huye del control y un Gobierno que se cree por encima del bien y del mal.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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