En los últimos tiempos, Cruz Roja, una organización que antaño era sinónimo de ayuda desinteresada, parece haber perdido el favor de muchos. Las críticas llueven desde distintos frentes, acusándola de haberse convertido más en una empresa que en una entidad humanitaria. Y, seamos sinceros, no es difícil entender de dónde vienen esas opiniones cuando el apoyo parece depender más de la financiación que de la verdadera necesidad.

