En un momento en que nuestra sanidad pública necesita más apoyo que nunca, los sindicatos del INGESA parecen más ocupados en lanzarse acusaciones que en unir fuerzas por un objetivo común: resolver los problemas que afectan a los profesionales y, en última instancia, a los pacientes.
En un momento en que nuestra sanidad pública necesita más apoyo que nunca, los sindicatos del INGESA parecen más ocupados en lanzarse acusaciones que en unir fuerzas por un objetivo común: resolver los problemas que afectan a los profesionales y, en última instancia, a los pacientes.
Las recientes tensiones entre CEMSATSE, CCOO y CSIF han alcanzado un nivel que no solo es preocupante, sino que bordea lo absurdo. Hablar de "secuestro" de la Junta de Personal o de "envenenamiento" de las relaciones sindicales no solo trivializa las preocupaciones reales del sector, sino que también desanima a quienes esperan soluciones concretas.
En lugar de airear los trapos sucios públicamente, lo que debería ocupar la agenda de estos sindicatos es cómo revertir la falta de personal, mejorar las condiciones laborales y garantizar una atención sanitaria digna para todos los ceutíes. ¿No sería más útil dedicar la energía de estas disputas a lograr un frente común para exigir al Gobierno central y al INGESA medidas reales que solucionen la precariedad? Las críticas mutuas solo refuerzan la sensación de que quienes deben defender al colectivo sanitario están más interesados en marcar territorio que en sumar esfuerzos.
Si CEMSATSE pide transparencia con la publicación de las actas de las reuniones de 2024, ¿por qué no dar ese paso? Y si CCOO y CSIF tienen quejas legítimas sobre la actitud de los recién llegados, ¿por qué no abordarlo en un espacio constructivo? Los sindicatos son, o deberían ser, una herramienta para la negociación y el progreso, no para alimentar un circo mediático que resta credibilidad a sus demandas.
La sanidad en Ceuta ya tiene suficientes problemas como para sumar uno más con estas disputas. Urge que los sindicatos aparquen sus diferencias y encuentren puntos en común que beneficien a los trabajadores y pacientes, porque lo que está en juego no es una pugna de egos, sino el bienestar de todos.
Quizá sea hora de recordar que los sindicatos tienen un mandato: representar y luchar por los intereses de sus afiliados y del sistema público que defienden. Todo lo demás, aunque pueda parecer importante en el momento, no deja de ser ruido. Y la sanidad de Ceuta, lo que menos necesita ahora, es más ruido.
