Mi Rincón
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Las tragedias que deja la DANA en su paso por la Comunidad Valenciana han vuelto a poner en evidencia una cadena de despropósitos políticos. La mayoría de las víctimas mortales no estaban en carreteras ni espacios abiertos, sino en casas y garajes que, al no ser evacuados, se convirtieron en trampas mortales. Esta desgarradora realidad exige una reflexión seria sobre cómo se gestionan las emergencias en este país y quiénes deben asumir responsabilidades.

Las tragedias que deja la DANA en su paso por la Comunidad Valenciana han vuelto a poner en evidencia una cadena de despropósitos políticos. La mayoría de las víctimas mortales no estaban en carreteras ni espacios abiertos, sino en casas y garajes que, al no ser evacuados, se convirtieron en trampas mortales. Esta desgarradora realidad exige una reflexión seria sobre cómo se gestionan las emergencias en este país y quiénes deben asumir responsabilidades.

Las conselleras encargadas de Interior y Emergencias han mostrado una incapacidad alarmante en sus cargos. Es evidente que no están al nivel que exige una situación como esta. Sus decisiones y ausencia de previsión no solo generan críticas, sino que agravan una percepción generalizada de desconfianza. En momentos críticos, la ciudadanía necesita líderes competentes, no a quienes parecen estar improvisando. Si estas conselleras tuvieran un mínimo de autocrítica, ya habrían dado un paso al lado.

La gestión a nivel nacional tampoco ha estado a la altura. Que el presidente Sánchez, junto con los ministros Ribera y Marlaska, haya evitado declarar el Estado de Emergencia es incomprensible. Se perdió una oportunidad para coordinar recursos de manera más efectiva y proteger a los ciudadanos. Esta falta de reacción demuestra una preocupante desconexión con la realidad. ¿De verdad era tan difícil priorizar la seguridad de las personas por encima de cálculos políticos?

Por si fuera poco, Mazón, el presidente de la Generalitat, no ha sabido liderar en este momento crítico. La percepción de que estaba jugando al parchís con una periodista amiga mientras la región lidiaba con inundaciones devastadoras es un insulto a quienes sufrieron las consecuencias de la tormenta. Las emergencias requieren dedicación total y estar al pie del cañón, no excusas ni actos simbólicos que no convencen a nadie.

En un país serio, dimitir tras una gestión desastrosa sería lo mínimo. Pero en España, parece que asumir errores es un concepto extraño. Si los responsables de este desastre político tuvieran un ápice de vergüenza, estarían presentando su renuncia en lugar de buscar excusas. Lamentablemente, la ciudadanía sigue pagando el precio de la incompetencia, mientras los despachos se llenan de silencio y las tragedias se olvidan tan rápido como llegan.

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Ceuta, Sábado 01 de Agosto del 2026

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