En Ceuta llevamos demasiado tiempo escuchando las mismas promesas mientras los datos de pobreza siguen siendo un lastre difícil de ignorar. No es una etiqueta nueva ni una crítica improvisada: la ciudad autónoma arrastra desde hace años los peores indicadores sociales del país. Y cuando una situación se prolonga durante un cuarto de siglo, ya no hablamos de coyuntura, sino de modelo.

