Ceuta ha vuelto a demostrar que, cuando hay voluntad, ni el cielo gris ni la lluvia son capaces de frenar una celebración tan significativa como el final del Ramadán. Este año, eso sí, la imagen habitual de la Musal-la al aire libre ha tenido que quedarse en pausa. El clima ha obligado a trasladar la oración a las mezquitas, que se han llenado hasta los topes con miles de fieles dispuestos a cerrar el mes sagrado como merece.

