Hay detalles que parecen pequeños, pero dicen mucho de cómo funciona —o no funciona— una ciudad. La falta de papeleras en muchos barrios es uno de ellos. No hablamos solo de estética, sino de sentido común: si no hay dónde tirar un papel o una lata, el problema termina en el suelo. Y luego nos sorprendemos de que las calles no luzcan como deberían. Mantener limpia una ciudad no es solo cuestión de civismo, también es facilitarlo.

