El Carnaval de Ceuta 2026 ya tiene pregón en la memoria colectiva. Lo que ofreció este pasado jueves Rafael Mosquera Muñoz, Faly para todo el que ame el tres por cuatro, no fue un simple discurso de apertura: fue un espectáculo en toda regla. Un pregón cantado, sentido y disfrutado de principio a fin, de esos que confirman que hay personas que no se suben a un escenario, sino que lo habitan.
El Carnaval de Ceuta 2026 ya tiene pregón en la memoria colectiva. Lo que ofreció este pasado jueves Rafael Mosquera Muñoz, Faly para todo el que ame el tres por cuatro, no fue un simple discurso de apertura: fue un espectáculo en toda regla. Un pregón cantado, sentido y disfrutado de principio a fin, de esos que confirman que hay personas que no se suben a un escenario, sino que lo habitan.
Faly llegaba con ese pellizco de responsabilidad que él mismo definía como “un marrón y un honor”, pero lo que se vio fue a un artista en plenitud, arropado por amigos y cómplices de coplas. Con tablas de sobra, las que dan décadas junto a nombres ilustres como Enrique Villegas o Joaquín Quiñones, y con la emoción todavía latiendo desde aquella despedida junto a Julio Pardo Melero, Mosquera convirtió el teatro en una peña grande, cercana, casi familiar.
Hubo risas, cómo no, porque el carnaval sin guasa no es carnaval. Se recordó aquella anécdota de los comuneros perdidos de madrugada, se habló de Ceuta con cariño del bueno y se cantó como se canta cuando uno siente lo que dice. Pero también hubo momentos de pellizco, de esos que te dejan el nudo en la garganta. Porque Faly no solo lleva el compás en la sangre; lleva también la humanidad de quien ha regalado coplas incluso en habitaciones de hospital donde la vida parecía apagarse.
El público respondió como merecía la ocasión: entregado, cómplice y con ganas de que la cosa no acabara. Y él, fiel a su estilo, dejó claro que mientras quedaran dos escuchando y un par de copitas sobre la mesa, había carnaval para rato. Así se escribe un pregón que no se olvida: sin grandilocuencias vacías, pero con verdad.
Este jueves Ceuta no solo inauguró su carnaval. Celebró la alegría compartida, la memoria de tantos años de coplas y esa bendita guasa que nos salva de la rutina. Y lo hizo de la mano de Faly Mosquera, que demostró que el carnaval, cuando es auténtico, no se explica: se canta… y se siente.




