La entrada masiva de personas migrantes en estos días ha vuelto a situar a nuestra ciudad en el centro de un escenario de enorme complejidad donde se entremezclan el sufrimiento humano, la preocupación legítima de la ciudadanía y la utilización política del miedo.
La entrada masiva de personas migrantes en estos días ha vuelto a situar a nuestra ciudad en el centro de un escenario de enorme complejidad donde se entremezclan el sufrimiento humano, la preocupación legítima de la ciudadanía y la utilización política del miedo.
Ceuta es nuestra casa. Es la ciudad que me vio nacer, aquella que ha aprendido a convivir desde la diversidad. Un espacio de respeto mutuo en el que convivimos diferentes etnias, culturas y religiones a pesar de que algunos la utilicen como un tablero de juego sobre el que jugar sus estrategias.
Siento una profunda indignación por lo ocurrido y no porque considere que la respuesta deba ser el enfrentamiento sino precisamente porque la gravedad de lo sucedido exige altura política, serenidad y responsabilidad Institucional.
Resulta igualmente preocupante que ayer durante la visita de nuestro Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dirigentes y cargos públicos de Vox alentaran el clima de confrontación jaleando a quienes respondían con insultos y descalificaciones. Quienes ostentan una representación pública deberían ser los primeros en promover el respeto institucional y la convivencia democrática, no en convertir la indignación ciudadana en un espectáculo de confrontación permanente.
Y es que, en Democracia la crítica no solo es legítima, sino necesaria. Se puede discrepar con firmeza, exigir responsabilidades y expresar el descontento con total libertad pero el insulto nunca puede convertirse en la forma de hacer política.
Cuando desde la ciudadanía sustituimos el argumento por la descalificación personal, perdemos todos como sociedad. Normalizar ese clima de agresividad verbal solo contribuye a alimentar una espiral de odio, que terminará erosionando los valores democráticos que tanto esfuerzo nos ha costado construir. Y no, ni como socialista, ni como ceutí, puedo aceptar que el insulto se convierta en el lenguaje de nuestras calles. Ceuta merece mucho más.
Lamentablemente, la extrema derecha ha vuelto a demostrar que su prioridad no es resolver los problemas de Ceuta, sino rentabilizarlos políticamente haciendo uso de discursos incendiarios. El miedo siempre ha sido el mejor aliado del populismo.
Y por si no teníamos bastante, durante la jornada de hoy, nuestra ciudad volverá a situarse en el foco por la anunciada presencia de grupos de ideología extremista que pretenden desplazarse hasta aquí. Su llegada no responde al interés por conocer nuestra realidad, ni por contribuir a resolver los problemas que atravesamos. Todo lo contrario, supone un serio motivo de preocupación porque su discurso se fundamenta en la confrontación, el señalamiento y la propagación del odio.
Nuestra ciudad no necesita agitadores profesionales ni provocadores que conviertan las calles en un campo de batalla ideológica.
Y frente a esa estrategia de confrontación, echo en falta un liderazgo Institucional, que hubiera lanzado un mensaje claro y contundente en defensa de la convivencia. Gobernar también significa rebajar la tensión cuando esta amenaza con desbordarse.
El Presidente de la ciudad, Juan Vivas, ha centrado únicamente su discurso en responsabilidad al Gobierno Central de la situación.
Es legítimo exigir más recursos, más efectivos y más apoyo institucional, pero quien representa a todos los ceutíes tiene igualmente la obligación de hacer un llamamiento firme a la calma, de condenar cualquier manifestación de odio y de recordar que ninguna circunstancia justifica la persecución o señalamiento de personas por su origen porque también hemos visto imágenes y escuchado consignas profundamente preocupantes. Grupos radicales amparados tras banderas de una Patria que les queda grande dirigiendo mensajes y actitudes hostiles hacia las personas migrantes, alimentando así un clima social que solo beneficia a quienes desean fracturar nuestra convivencia.
Ese no puede ser el camino.
Nuestra ciudad necesita recuperar la normalidad. Necesita respuestas coordinadas entre las Administraciones, pero sobre todo, necesita preservar aquello que constituye su mayor fortaleza: la convivencia. No permitamos que quienes viven del enfrentamiento escriban el futuro de nuestra ciudad. No entreguemos nuestra identidad a quienes solo entienden el lenguaje del miedo y la exclusión.
Podemos afrontar esta crisis desde la rabia o desde la responsabilidad, desde el señalamiento o desde la convivencia, desde el extremismo o desde la democracia …
Y a mí no me cabe ninguna duda, yo elijo la convivencia, elijo una Ceuta segura, sí, pero también decente. Una Ceuta que rechace las mafias que trafican con personas, que exija soluciones políticas eficaces y que al mismo tiempo no renuncie jamás a los valores que nos definen como sociedad democrática porque proteger nuestras fronteras y proteger los derechos humanos no son objetivos incompatibles. Son precisamente, las dos obligaciones que distinguen a un estado de derecho de quienes pretenden sustituir la razón por el odio.
Cuando el tiempo atenué la intensidad de estos días, espero que permanezca el recuerdo de una ciudad que, aún zarandeada por la adversidad, supo mantenerse fiel a aquello que mejor la define: la convivencia, la dignidad y el respeto a la condición humana. No permitamos, por favor, que el odio escriba la historia de una ciudad que siempre ha encontrado en la convivencia su más valiosa identidad.
Sería injusto, concluir esta reflexión, sin expresar mi gratitud y reconocimiento a nuestra Delegación del Gobierno, y en particular a nuestro Delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano. Me consta el esfuerzo incansable, las jornadas interminables, el peso de la responsabilidad y la serenidad con la que afrontado una situación de extraordinaria complejidad. También a todos aquellos compañer@s, Servidores Públicos que, desde la discreción, lejos del ruido y los focos hemos vivido estos días con una enorme carga de responsabilidad.
Esa forma silenciosa, de entender el Servicio Público, basada en el compromiso y no en el aplauso, representa la mejor expresión de la política … aquella que no busca rédito personal, sino aliviar el sufrimiento colectivo.
Mi gratitud se dirige también a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Salvamento Marítimo, profesionales Sanitarios, Servicios de Emergencia, Cruz Roja, trabajadores sociales y voluntarios que han desempeñado su labor en circunstancias de enorme dificultad, muchas veces, con una dedicación que trasciende al mero cumplimiento del deber.
En jornadas marcadas por la incertidumbre, el cansancio y la presión constante, ellos han dejado evidencia de esa enorme capacidad de actuar con profesionalidad sin perder la humanidad, de sostener el orden sin renunciar a la compasión y de ofrecer auxilio allí donde la fragilidad humana se hacía más evidente.
Sé que detrás de cada operativo ha habido horas de desvelo, preocupación y un esfuerzo físico y emocional, que rara vez se encuentra el reconocimiento público que merece.
A todos ellos, trasladar mi más profunda admiración.
