Antes de hablar de estrategia, de geopolítica o de intereses de Estado, hay que decir esto sin adornos: hay personas muriendo ahogadas en el Estrecho, y hay una ciudad entera viviendo con miedo dentro de sus propias casas, y ni un solo gobierno ha detenido nada por ello. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha cifrado en 60 las muertes del último mes entre quienes han intentado cruzar a nado. La Guardia Civil ha recuperado 2 cadáveres más en los últimos días, elevando a 29 los fallecidos documentados en lo que va de año, cifra a la que se suman ahora las víctimas de este fin de semana. En una sola jornada, más de 800 personas intentaron alcanzar la ciudad nadando; solo 117 fueron rescatadas por Salvamento Marítimo y Cruz Roja. Cada una de esas cifras es una persona con nombre, y una familia que en muchos casos aún no sabe si sigue viva.
Antes de hablar de estrategia, de geopolítica o de intereses de Estado, hay que decir esto sin adornos: hay personas muriendo ahogadas en el Estrecho, y hay una ciudad entera viviendo con miedo dentro de sus propias casas, y ni un solo gobierno ha detenido nada por ello. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha cifrado en 60 las muertes del último mes entre quienes han intentado cruzar a nado. La Guardia Civil ha recuperado 2 cadáveres más en los últimos días, elevando a 29 los fallecidos documentados en lo que va de año, cifra a la que se suman ahora las víctimas de este fin de semana. En una sola jornada, más de 800 personas intentaron alcanzar la ciudad nadando; solo 117 fueron rescatadas por Salvamento Marítimo y Cruz Roja. Cada una de esas cifras es una persona con nombre, y una familia que en muchos casos aún no sabe si sigue viva.
El otro lado del sufrimiento: la ciudad que se encierra
Mientras eso ocurre en el agua, en tierra la ciudad se ha ido vaciando de normalidad. Vecinos y turistas han abandonado Ceuta en ferry hacia Algeciras ante el miedo a nuevos incidentes y la falta de suministros básicos, con comercios y supermercados cerrados. Mari Carmen, vecina ceutí, se marchó con la intención de volver "cuando se normalice" la situación, admitiendo que cerca de su casa había habido altercados. Otra pareja tuvo que salir corriendo tras encontrar el Mercadona desabastecido, sin leche para su hijo pequeño. Yolanda Moreno, de 56 años, describió sentir miedo desde el principio de la crisis, comparándolo con el confinamiento de la pandemia. Una vecina consultada por Euronews expresó su temor no solo hacia los recién llegados, sino hacia residentes locales armándose con armas blancas por su cuenta, un síntoma de que el miedo también empuja a la propia población hacia la peligrosa tentación de tomarse la justicia por su mano. Un vecino resumió el ambiente de las calles con una frase que se ha hecho viral: la ciudad parecía, en sus palabras, un lugar vacío recorrido solo por quienes llegan y por la policía. El desabastecimiento de pan, las fiestas patronales suspendidas, los balcones vigilados por miedo a que alguien intente entrar pidiendo agua: esto también es la crisis, aunque rara vez ocupe la misma portada que la geopolítica.
Quién genera esto, y quién no dice nada
Sobre quién provoca estas condiciones hay un patrón que no es nuevo. En 2021 quedó documentado que la Dirección de Vigilancia del Territorio marroquí utilizó agentes infiltrados dentro de las redes de migración para avisar de que sería sencillo cruzar en fechas concretas, y que Marruecos desplazó una sección de Inteligencia militar hacia la frontera. Sobre si existe algo similar ahora, o infiltración militar disfrazada estudiando puntos concretos de la ciudad, no hay ninguna fuente que lo confirme hoy, y no hace falta inflar la acusación: lo que sí está probado ya es suficientemente grave. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha acusado directamente a Marruecos de "chantaje", señalando que Rabat generó las condiciones para que miles de personas arriesgaran su vida "con un propósito que desde luego no entiendo". Sobre el rey Mohammed VI no existe ninguna declaración pública suya sobre esta crisis que se pueda citar; lo único verificable es la pasividad del aparato de seguridad marroquí sobre el terreno, mientras ese mismo aparato demostró días después, dispersando con gases lacrimógenos a los propios migrantes en Castillejos, que sí sabe controlar sus fronteras cuando decide hacerlo.
La pregunta que queda en el aire
Con 2021 y 2026 como precedentes casi calcados el mismo mecanismo, la misma pasividad selectiva, la misma factura pagada por civiles a ambos lados de la valla, cabe hacerse una pregunta incómoda que ningún responsable político ha querido responder en público: si este patrón se repite cada pocos años como instrumento de presión, ¿qué garantiza que la próxima vez el mismo mecanismo no se use, deliberada o accidentalmente, para una entrada masiva de una magnitud sin capacidad de contención ni marcha atrás? No hay ninguna fuente que hoy confirme que eso vaya a ocurrir, y no se debe afirmar como un hecho. Pero tampoco hay ninguna garantía institucional, hoy, capaz de asegurar a los ceutíes que no volverá a pasar. Y esa incertidumbre, más que cualquier cifra, es la que se respira estos días en las calles vacías de Ceuta.
