El MDyC va a interpelar sobre la rampa náutica pública de acceso al mar, algo que ha vuelto a poner sobre la mesa un asunto que muchos vecinos ya daban por perdido. Porque, siendo claros, cuando uno lee que desde 2015 sigue pendiente una infraestructura tan básica, la primera reacción no es de sorpresa, sino de incredulidad. ¿De verdad han pasado más de diez años y aquí no ha pasado nada?
El MDyC va a interpelar sobre la rampa náutica pública de acceso al mar, algo que ha vuelto a poner sobre la mesa un asunto que muchos vecinos ya daban por perdido. Porque, siendo claros, cuando uno lee que desde 2015 sigue pendiente una infraestructura tan básica, la primera reacción no es de sorpresa, sino de incredulidad. ¿De verdad han pasado más de diez años y aquí no ha pasado nada?
La rampa no es un capricho. No es un lujo ni una obra faraónica. Es una necesidad para quienes practican actividades náuticas, para pescadores, para pequeños usuarios que simplemente quieren acceder al mar en condiciones dignas y seguras. En una ciudad como Ceuta, rodeada de agua por casi todas partes, resulta difícil de entender que algo tan básico siga encallado en promesas.
Lo que más molesta no es solo el retraso, sino la sensación de tomadura de pelo. El llamado “Gobierno Vivas”, encabezado por Juan Vivas, lleva años acumulando anuncios, estudios y supuestos avances que nunca terminan de materializarse. Y mientras tanto, la oposición pregunta, interpela y exige explicaciones… pero el proyecto sigue en el mismo punto muerto. ¿Se puede permitir esta falta de ejecución sin que haya consecuencias políticas?
La ciudadanía no pide milagros, pide gestión. Pide que cuando se anuncia una obra pública, se ejecute. Pide que los compromisos no se eternicen. Porque cuando los plazos se alargan indefinidamente y no hay responsabilidades claras, el mensaje que se transmite es peligroso: que da igual cumplir o no, que aquí no pasa nada.
Quizá ha llegado el momento de tomarse en serio esta rampa náutica y, de paso, el respeto a los ciudadanos. No se trata de ganar un debate en el pleno, sino de demostrar que la política sirve para algo más que para cruzar reproches. La rampa sigue sin construirse; la paciencia de muchos, en cambio, ya se agotó hace tiempo.

