La Asamblea de Ceuta ha dado un paso importante al impulsar una línea marítima entre Ceuta y Málaga como obligación de servicio público. La conectividad no es un capricho: es una necesidad estratégica, económica y social. Hasta ahí, poco que objetar. Lo llamativo no es el fondo, sino la foto política que deja el acuerdo entre el Partido Popular y Ceuta Ya!
La Asamblea de Ceuta ha dado un paso importante al impulsar una línea marítima entre Ceuta y Málaga como obligación de servicio público. La conectividad no es un capricho: es una necesidad estratégica, económica y social. Hasta ahí, poco que objetar. Lo llamativo no es el fondo, sino la foto política que deja el acuerdo entre el Partido Popular y Ceuta Ya!
Porque cuando se rasca un poco, aparece el nombre propio: Mohamed Mustafa. El mismo que construye su discurso diario a base de confrontación con el PP, el que se presenta como muro de contención frente a todo lo que huela a populares, resulta que se entiende, negocia y pacta. Y no una vez, sino varias en el último mes. Al final, tanto ruido para acabar sentándose en la misma mesa y levantando la mano juntos.
Sus votantes merecen, como mínimo, una explicación clara. Porque no se puede ir de azote permanente del Gobierno y, a la vez, cerrar acuerdos cuando conviene. No se puede envolver cada intervención en la bandera del pueblo trabajador y después mirar hacia otro lado cuando las decisiones políticas dejan a personas en situaciones muy delicadas. Esa doble vara de medir empieza a oler a estrategia interesada más que a coherencia ideológica.
La línea Ceuta-Málaga puede ser positiva, y ojalá lo sea. Pero lo que queda en evidencia es otra cosa: la política del “no es no” hasta que es “sí, pero sin que se note”. Y ahí, Mustafa se retrata solo. Menos discursos grandilocuentes y más honestidad política. Porque la hemeroteca, y los acuerdos, hablan.
