Hay gestos que hablan por sí solos, y el del presidente Vivas acompañando a Mabel Deu a la sede judicial es uno de esos que, lejos de calmar, incomoda. A simple vista podría parecer un acto de apoyo personal, pero quienes conocen bien la manera de moverse de Vivas saben que detrás de esa caminata silenciosa hay mucho de cálculo y muy poco de humanidad. Acompañar a alguien en un momento tan delicado para después marcar distancia con la sentencia —sea la que sea— es una manera muy sutil de decir: “No te preocupes, estoy aquí... pero búscate la vida”.

