La Sentencia
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Hay gestos que hablan por sí solos, y el del presidente Vivas acompañando a Mabel Deu a la sede judicial es uno de esos que, lejos de calmar, incomoda. A simple vista podría parecer un acto de apoyo personal, pero quienes conocen bien la manera de moverse de Vivas saben que detrás de esa caminata silenciosa hay mucho de cálculo y muy poco de humanidad. Acompañar a alguien en un momento tan delicado para después marcar distancia con la sentencia —sea la que sea— es una manera muy sutil de decir: “No te preocupes, estoy aquí... pero búscate la vida”.

Hay gestos que hablan por sí solos, y el del presidente Vivas acompañando a Mabel Deu a la sede judicial es uno de esos que, lejos de calmar, incomoda. A simple vista podría parecer un acto de apoyo personal, pero quienes conocen bien la manera de moverse de Vivas saben que detrás de esa caminata silenciosa hay mucho de cálculo y muy poco de humanidad. Acompañar a alguien en un momento tan delicado para después marcar distancia con la sentencia —sea la que sea— es una manera muy sutil de decir: “No te preocupes, estoy aquí... pero búscate la vida”.

Es un gesto que, más que solidario, resulta frío. ¿Qué sentido tiene caminar a su lado si después, pase lo que pase, la respuesta será el silencio o la indiferencia? Si Mabel Deu es absuelta, no habrá abrazos ni ruedas de prensa; si es condenada, se aplicará la política del “yo ya cumplí con estar”. Todo muy medido, muy de manual. Pero en política, como en la vida, hay gestos que no se pueden fingir.

Muchos ceutíes, sobre todo los que llevan años viendo cómo se mueve Vivas en las sombras del poder, han sentido ese escalofrío que recorre la espalda cuando lo aparente se convierte en una puesta en escena. Pone los vellos de punta porque es una forma de apoyo sin compromiso, de acompañamiento sin afecto. Una especie de “estoy contigo, pero no me pidas más”.

Nadie duda de que Deu tiene que enfrentarse a la Justicia, como cualquier otro cargo público. Pero si de verdad se la respeta, si de verdad se cree en su inocencia o al menos en su trayectoria, lo justo sería una defensa clara y no una procesión muda hasta la puerta del juzgado. La lealtad no se mide en metros caminados, sino en palabras y en hechos.

Y por eso este gesto no emociona, sino que inquieta. Porque detrás de la foto no hay calor humano, ni valor político, ni valentía. Solo hay una estrategia para quedar bien sin mojarse, para aparecer sin comprometerse, para estar sin estar. Y eso, en política, suele ser el camino más corto hacia la decepción.

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Ceuta, Jueves 06 de Agosto del 2026

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