Cada año, la celebración del Orgullo nos invita a reflexionar sobre algo más que desfiles, música y colores. Detrás de cada pancarta hay historias reales de lucha, de valentía y, sobre todo, de una demanda legítima: el derecho a vivir en libertad, sin miedo ni prejuicios. Y aunque algunos se empeñen en reducir esta jornada a una “fiesta estridente”, lo cierto es que sigue siendo profundamente necesaria.

