La Sentencia
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En los últimos días, hemos asistido a una curiosa unanimidad política: todos los partidos, sin distinción ideológica, piden ayudas para los comercios de Hadu. Al escucharlos, parece que estamos ante un barrio devastado por obras, cortes o alguna calamidad reciente. Pero si uno se da un paseo por la zona, la realidad es bien distinta: se puede circular con total normalidad, los peatones transitan sin problema y los comercios están abiertos como cualquier otro día.

En los últimos días, hemos asistido a una curiosa unanimidad política: todos los partidos, sin distinción ideológica, piden ayudas para los comercios de Hadu. Al escucharlos, parece que estamos ante un barrio devastado por obras, cortes o alguna calamidad reciente. Pero si uno se da un paseo por la zona, la realidad es bien distinta: se puede circular con total normalidad, los peatones transitan sin problema y los comercios están abiertos como cualquier otro día.

Entonces, ¿a qué viene esta súbita preocupación? ¿Qué justifica estas ayudas extraordinarias? Nadie lo entiende del todo. No hay ni obras, ni restricciones, ni eventos que justifiquen una caída en las ventas atribuible a factores externos. De hecho, el tráfico circula con fluidez y no hay barreras físicas ni administrativas que impidan el acceso al barrio. Si acaso, lo que hay es un discurso inflado que no se corresponde con los hechos.

Pedir subvenciones sin motivo justificado no solo desvirtúa el sentido de las ayudas públicas, sino que también lanza un mensaje peligroso: que cualquier colectivo puede reclamar apoyos sin un diagnóstico claro de la situación. Y eso, en un contexto de recursos limitados, acaba perjudicando a quienes realmente lo necesitan. Comercios de otras zonas que sí se han visto afectados por obras estructurales, restricciones de movilidad o pérdida objetiva de clientela, no han recibido la misma atención ni la misma vehemencia por parte de los partidos.

Este fenómeno parece más un efecto dominó político que una respuesta real a una necesidad. Hadu se ha convertido en una especie de fetiche electoral en el que todos quieren posar, prometer y regalar titulares. Pero una ciudad no se gobierna solo con gestos o titulares fáciles. Se gobierna con datos, análisis y equidad.

Las ayudas deben estar sustentadas en criterios objetivos, no en impulsos mediáticos o presiones puntuales. Porque si no, mañana cualquier otra zona pedirá lo mismo, con o sin razón, y el sistema perderá toda su credibilidad.

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Ceuta, Jueves 06 de Agosto del 2026

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