No es nuevo, pero sigue doliendo. Un estudio reciente revela que cada vez más personas se sienten discriminadas por su origen racial o étnico. Y lo peor es que no hablamos solo de percepciones, sino de experiencias reales en el acceso a la vivienda, el empleo o, incluso, en el trato cotidiano. A estas alturas, uno pensaría que la sociedad habría aprendido la lección, pero parece que seguimos tropezando con la misma piedra.

