En un país que presume de respeto a los derechos humanos, seguimos fallando estrepitosamente a los que más lo merecen: nuestros mayores. El maltrato a personas mayores es una realidad silenciada, muchas veces escondida tras las paredes de una casa o incluso dentro de centros donde deberían estar protegidos. Lo más escalofriante es que la mayoría de las víctimas son mujeres, doblemente vulnerables por su edad y su género. Y lo más indignante, que esto ocurra con una frecuencia tan alarmante como desapercibida.

