En muchos supermercados se está convirtiendo en norma absurda eso de que, llegada las 22:00, la cajera se niegue a cobrar alcohol. Da igual si eres mayor de edad, da igual si el supermercado cierra a esa misma hora. Si el reloj marca las diez, adiós al vino para cenar o la cerveza del partido. Y no, no hablamos de chavales intentando colársela a la cajera, hablamos de adultos que cumplen con la ley pero son tratados como si no.
En muchos supermercados se está convirtiendo en norma absurda eso de que, llegada las 22:00, la cajera se niegue a cobrar alcohol. Da igual si eres mayor de edad, da igual si el supermercado cierra a esa misma hora. Si el reloj marca las diez, adiós al vino para cenar o la cerveza del partido. Y no, no hablamos de chavales intentando colársela a la cajera, hablamos de adultos que cumplen con la ley pero son tratados como si no.
La norma, aunque con buena intención, peca de torpe. ¿De verdad creemos que impedir una venta a las 22:01 va a solucionar el problema del consumo de alcohol entre menores? Entonces, ¿comprarlo a las 21:55 está bien? Este tipo de medidas son puro postureo normativo: aparentan que se hace algo, pero no atacan el problema real. Es como cerrar una ventana cuando lo que entra por la puerta es un huracán.
Lo que hay que hacer, de una vez por todas, es meter mano en serio a los botellones descontrolados, a las discotecas que dejan entrar a menores como si nada, y a las tiendas de barrio que siguen vendiendo alcohol de madrugada con total impunidad. Ahí es donde de verdad se fragua el problema. Porque el menor que quiere beber lo tiene fácil, y no necesita esperar a las diez.
Los supermercados cumplen horarios, tienen controles, piden el DNI si hace falta. No son el enemigo. El verdadero descontrol está fuera, en la calle, en los rincones donde nadie mira o donde miran y hacen la vista gorda. Penalizar al cliente legal por sistema solo genera malestar, sin resolver absolutamente nada.
Sentido común, eso es lo que se echa de menos. Las normas deben servir para proteger, no para molestar sin criterio. Porque si la solución pasa por prohibir sin pensar, lo siguiente será que tampoco nos dejen comprar azúcar por la noche.
