Hay una guerra silenciosa en marcha. No se libra con tanques ni misiles, sino con bulos, querellas, tuits y platós. Y no tiene por objetivo el poder, sino algo mucho más peligroso: la excelencia.
Hay una guerra silenciosa en marcha. No se libra con tanques ni misiles, sino con bulos, querellas, tuits y platós. Y no tiene por objetivo el poder, sino algo mucho más peligroso: la excelencia.
En pleno 2025, seguimos atrapados en la obsesión de decidir qué pueden y no pueden llevar las mujeres en su propio cuerpo. Eso sí, siempre en nombre de la libertad, la igualdad y la modernidad. Y ¿Para cuándo dejar de cosificar el cuerpo de las mujeres y de dictar cómo deben vestirse para ser aceptadas por la sociedad? Porque, al parecer, si una mujer musulmana decide llevar hiyab, alguien más tiene que venir a salvarla de su propia elección.
La corrupción ya no se esconde en sobres ni en maletines. Ahora viste traje institucional, firma subvenciones y se parapeta tras ministerios y aforamientos exprés. Es la corrupción del siglo XXI: blanqueada, blindada y legitimada por el relato. Y el epicentro de este nuevo clientelismo está en la familia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Hablar de Ceuta es hablar de una ciudad con un potencial enorme, una riqueza cultural sin igual y una historia de lucha constante por la dignidad de sus ciudadanos. Sin embargo, hay una herida abierta que aún no hemos sabido cerrar: la falta de acceso a una vivienda digna.
Madrid ya no es solo una región; es un símbolo. Una trinchera ideológica en mitad del lodazal político español, donde Isabel Díaz Ayuso resiste como figura totémica de una libertad asediada. Frente a ella, una maquinaria estatal aceitada con fines partidistas ha convertido la democracia en tablero de caza y las instituciones en herramientas de demolición moral. No es política: es una guerra asimétrica. Y la presidenta madrileña lo sabe.