El anuncio del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, sobre la posibilidad de reducir las tasas máximas de alcohol permitidas al volante mediante una reforma del Reglamento General de la Circulación es una noticia que merece nuestra atención. En un país donde los accidentes de tráfico siguen cobrándose demasiadas vidas, no podemos permitirnos ser complacientes. Los conductores que beben y luego se ponen al volante no solo ponen en peligro sus vidas, sino también las de aquellos que comparten las vías, especialmente los usuarios más vulnerables como ciclistas, peatones y motoristas.
