Desde los primeros instantes de nuestra contemplación del cosmos, surge una pregunta que atraviesa la mente humana y se proyecta hacia los confines del universo: ¿puede un cosmos vasto, aparentemente infinito y dotado de leyes internas que se desarrollan desde la singularidad hasta el presente, detener su evolución por causa de una especie transitoria y frágil, cuya permanencia en la escala temporal es mínima? La humanidad, con su historia de unos pocos miles de años comparados con la escala cósmica, parece un suspiro en la extensión infinita del tiempo. Sin embargo, dentro de este suspiro emergen fenómenos de conciencia que reflejan patrones complejos de información y organización que podrían ser, paradójicamente, un reflejo del propio cosmos en miniatura.