Hay una pregunta incómoda que deberíamos hacernos cada mañana: ¿en qué momento decidimos que algunos seres humanos valen menos que otros?
Hay una pregunta incómoda que deberíamos hacernos cada mañana: ¿en qué momento decidimos que algunos seres humanos valen menos que otros?
El 31 de octubre es una fecha de profundo significado democrático. En ella confluyen la memoria de quienes sufrieron la violencia del golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil y la dictadura franquista, con el reconocimiento del esfuerzo colectivo que hizo posible la aprobación de la Constitución de 1978, piedra angular de nuestra democracia.
La seguridad ciudadana no debería ser moneda de cambio electoral. Sin embargo, durante años hemos asistido a un debate estéril donde cada formación política utiliza a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como arma arrojadiza contra sus adversarios. Mientras tanto, nuestros agentes siguen patrullando con equipamiento obsoleto, plantillas insuficientes y condiciones laborales que distan mucho de ser las adecuadas.
Mientras duermes, trabajan. Mientras compras, te protegen. Mientras celebras, velan por ti. Ahora, los profesionales de la seguridad privada dicen basta: merecen dignidad, respeto y el reconocimiento de una sociedad que no puede vivir sin ellos.
I. El improbable origen de un imperio
A mediados de los años noventa, mientras Silicon Valley miraba a Microsoft y Apple como los dos polos del nuevo mundo digital, tres ingenieros (Jensen Huang, Chris Malachowsky y Curtis Priem) fundaron una empresa de nicho. Su meta era simple y casi marginal: crear chips capaces de manejar gráficos tridimensionales para videojuegos.