Hay lugares en el mundo donde la geografía obliga a la imaginación. Ceuta es uno de ellos. Ocho kilómetros cuadrados de territorio español en la costa norte de África, frontera entre dos continentes, entre dos culturas, entre dos mundos económicos radicalmente distintos. Durante décadas hemos tratado esa frontera como un problema. Ha llegado el momento de tratarla como una oportunidad.
