Querido amigo.
Hoy me siento frente a esta carta con el corazón lleno de emociones que cuesta poner en palabras. Me cuesta aceptar que ya no estás aquí, que el tiempo nos ha quitado tu presencia, pero no la huella profunda que dejaste en mi vida, más de veinte años de amistad no se borran, no se olvidan, no se deshacen, se quedan grabados como una parte esencial de lo que uno es.
