Los encantos paisajísticos de Ceuta son una realidad incuestionable, ya pueden ustedes ponerse como se quieran poner. Los acantilados del Hacho, las elevaciones de Sierra Bullones, la ciudad rodeada por el mar al atardecer, la niebla que envuelve las noches de agosto mientras las gaviotas esconden en ella sus graznidos, la frondosidad de los helechos de García Aldave, las privilegiadas atalayas de observación desde la Tortuga o desde el faro de punta Almina... son algo más que un cúmulo de maravillas.
