Ciérrese la verja. Córtense las comunicaciones telefónicas. Recuérdenles la privacidad del espacio aéreo español, cuyo quebrantamiento será severamente sancionado económicamente. Todo ello conllevará un serio perjuicio, no sólo para los gibraltareños, ajenos al problema, sino, asimismo, para tantos españoles que, desde hace tiempo,

