La creación del Grupo de Trabajo de Ceuta y Melilla por el Ministerio de Educación ha sido recibida con más escepticismo que entusiasmo. A pesar de las intenciones anunciadas de mejorar la calidad educativa en estas ciudades autónomas, este proyecto parece ser otro de esos intentos fallidos que terminan siendo un mero trámite burocrático sin impacto real.

