La Navidad tiene un encanto especial, y no solo por las luces, los villancicos y las mesas repletas de dulces. Es el momento en que muchos vuelven a casa, protagonizando escenas que parecen sacadas de anuncios de televisión. Abrazos eternos en estaciones de tren, sonrisas que se cruzan en aeropuertos y lágrimas de felicidad al reencontrarse con los seres queridos. Ese instante en que una madre ve entrar por la puerta a su hijo o los abuelos se emocionan al recibir a los nietos es, sin duda, el regalo más valioso de estas fechas.

