La relación entre el Partido Popular y Vox se ha convertido en un verdadero campo de minas. Ni en Baleares, ni en Extremadura, ni en Ceuta —y mucho menos a nivel nacional— logran entenderse. Este choque constante refleja algo más profundo que una simple falta de acuerdos políticos: el PP lleva demasiado tiempo sin rumbo. Alberto Núñez Feijóo, quien llegó prometiendo orden y moderación, parece estar atrapado en un limbo ideológico que confunde a propios y extraños.

