El MDyC ha denunciado la “nefasta” gestión del Ejecutivo local por no haber puesto en marcha el Centro de Crisis para víctimas de violencia de género, un recurso esencial y urgente. En esto, nadie les quita razón: es inaceptable que a estas alturas del año sigamos sin un servicio que podría marcar la diferencia en la vida de muchas personas. Pero lo curioso no es la crítica, sino el matiz: lo que antes era un “desgobierno” para Fátima Hamed y su formación, ahora solo es una gestión “nefasta”.
El MDyC ha denunciado la “nefasta” gestión del Ejecutivo local por no haber puesto en marcha el Centro de Crisis para víctimas de violencia de género, un recurso esencial y urgente. En esto, nadie les quita razón: es inaceptable que a estas alturas del año sigamos sin un servicio que podría marcar la diferencia en la vida de muchas personas. Pero lo curioso no es la crítica, sino el matiz: lo que antes era un “desgobierno” para Fátima Hamed y su formación, ahora solo es una gestión “nefasta”.
Quizás la diferencia de terminología tenga una explicación política. No olvidemos que este gobierno, al que ahora el MDyC critica con moderación, es el mismo que le ha facilitado a Hamed alcanzar la vicepresidencia segunda de la Asamblea, con un sueldo de más de 80.000 euros al año. A cualquiera le puede dar por pensar que los calificativos cambian cuando se ocupa una posición cómoda en el organigrama político. Antes, todo eran exigencias y descalificaciones al Ejecutivo; ahora, las críticas suenan más tibias.
El Centro de Crisis, claro está, no es solo una necesidad social, sino también una prueba de fuego para este gobierno. Pero también lo es para quienes lo apoyan, directa o indirectamente. Si los retrasos son tan graves como para calificar la gestión de “nefasta”, ¿por qué no recuperar el término “desgobierno” que antes se usaba sin reparos? Parece que las palabras pesan menos cuando uno está sentado en una silla bien remunerada.
La ciudadanía merece más coherencia de sus representantes. No se puede hablar de desgobierno cuando uno está fuera de la ecuación y bajar el tono cuando ya se forma parte de ella. La denuncia del MDyC podría ser válida, pero la sombra de su actual posición política resta credibilidad a sus palabras.
Porque, al final, lo que importa no son los cargos ni los sueldos, sino los resultados. Y en este caso, las víctimas de violencia de género siguen esperando. Tal vez sea momento de menos discursos grandilocuentes y más hechos concretos. ¿Habrá alguien dispuesto a cumplir?
