Los problemas del socialismo ceutí no los resolverá ningún secretario general mientras el partido evite mirarse al interior con honestidad.
Los problemas del socialismo ceutí no los resolverá ningún secretario general mientras el partido evite mirarse al interior con honestidad.
Queridos lectores, el delegado del Gobierno en Ceuta ha tenido la gentileza de iluminarnos con una verdad de Perogrullo: “apenas tenemos margen para bajar el combustible por el IPSI”. ¡Qué alivio saberlo! Como si en la Ciudad Autónoma alguien creyera que un simple garabato en un despacho local bastaría para domar los precios del surtidor. El IPSI, ese artefacto fiscal nacido de la Ley 8/1991, ya coquetea con su mínimo del 0,5% en hidrocarburos, y tocarlo más requiere el beneplácito de Hacienda en Madrid. Jurídicamente intachable; políticamente, un suspiro de resignación envuelto en protocolo.
En Ceuta, cada corte de poda mal ejecutado revela más sobre la calidad de la gobernanza que sobre las necesidades del arbolado. La reciente denuncia de DAUBMA, que señala podas agresivas y retiradas de ejemplares sin informes técnicos accesibles, no es un mero reproche ambiental: es un espejo que refleja la deriva de una administración que actúa en la penumbra, lejos del escrutinio ciudadano.
En un momento en el que Europa debate sobre inmigración, fronteras e identidad, conviene recordar una verdad básica: ninguna sociedad puede llamarse justa si tolera el racismo, la xenofobia, la homofobia o cualquier otra forma de discriminación.
Si miramos el humor gráfico construido en nuestra sociedad, en los tres primeros tercios del siglo veinte, y, el que existe en otros cincuenta años hay un cambio radical…