El tema catalán ha pasado de ser un asunto de opiniones a un tema visceral. Hemos llegado a ese punto en que la autocrítica no es aceptable de ningún modo, nosotros tenemos razón y los otros están equivocados. ¿Por qué? Pues porque ya no es una cuestión de opiniones, sino de sentimientos, de sensaciones, e incluso de amor y odio. Y cuando odiamos o amamos algo, sea el concepto de patria, bandera, tierra, libertad, democracia, ley, diálogo o cualquier otro concepto que nos parezca que esté en la cúspide de la pirámide de los valores humanos, no usamos la lógica ni el sentido común. No obstante volveré después sobre este último concepto de diálogo.

