Opinión
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Se supone que el Tribunal de Cuentas es el supremo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del estado y del sector público español, ejerciendo de esta manera el control extremo de la actividad económica-financiera del sector público estatal, autonómico y local, así como de la contabilidad de los partidos políticos.

Se supone que el Tribunal de Cuentas es el supremo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del estado y del sector público español, ejerciendo de esta manera el control extremo de la actividad económica-financiera del sector público estatal, autonómico y local, así como de la contabilidad de los partidos políticos.

Esto en teoría parece muy bonito y exhaustivo mostrando tintes de seriedad ante cualquier desmadre que cometa cualquier Administración Pública, pero sobre el terreno no deja de ser más que pura burocracia porque realmente lo que se dedica es a hacer recomendaciones, sobre todo en esta ciudad pequeñita y coqueta llamada Ceuta.

De todos estos años de presunta fiscalización desde que somos Ciudad Autónoma (Sección Sexta de Fiscalización) tan solo hemos visto como se ha incoado una multa a un funcionario por un delito de alcance contable por la publicación de una esquela en un periódico por la muerte de un familiar de un alto cargo por un simple error de interpretación, pero de las grandes obras faraónicas tales como las de la famosa Manzana del Pelotín, perdón del Rebellín, nada de nada.

A veces parece y me da la impresión que la ley y el derecho se quedó al otro lado del Estrecho y que se trata los asuntos de Ceuta y Melilla con cierta mesura y de forma callada y soterrada, siempre que haya una mayoría estable de un partido con implantación nacional que gobierne en ambas ciudades autónomas.

Tan sólo hemos visto cierto revuelo mediático en Ceuta cuando ha sido la propia Ciudad o Ayutamiento el que ha denunciado en el Juzgado las presuntas irregularidades de EMVICESA, convirtiendo la jueza de turno en una denuncia boomerang que está poniendo en jaque y con ciertos aprietos al gobierno de nuestro alcalde más marinero del mundo, desvelándose en el sumario el descontrol y el descaro en la forma en que ciertos políticos gestionaban la entregas de viviendas públicas.

Javier Díez Canseco decía que necesitamos una nación donde la corrupción no sea una forma consentida de gobernar, y Lee Kuan Yew, aseguraba que si quisiéramos derrotar a la corrupción deberíamos estar listo para mandar a la cárcel a nuestros amigos y familiares, pero me quedo con la frase de Georges Bernanos: “el primer signo de la corrupción en una sociedad que todavía está viva es que el fin justifica los medios”. Ver para creer.

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Ceuta, Lunes 03 de Agosto del 2026

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