Recuerdo cuándo, hace más de cuarenta años, escuchaba por las calles de mi ciudad eso de... “un día esto será de Marruecos, está ya más que pactado”. Era una frase que me infundía temor y me desconcertaba, porque no llegaba a entenderla. “¿Cómo es posible que Ceuta llegue a ser lo que los ceutíes no queremos que sea?”, me preguntaba entre enfadado y triste. Hoy lo sigo escuchando en boca de algunos, con desesperanza.

