Llevo ya unos cuantos años danzando por estos mundos de Dios, y conozco a mucha gente de muchos lugares. Como por ejemplo a Fermín, un funcionario malagueño amigo mío que trabaja como profesor de Secundaria, Gonzalo, un juez madrileño con el que hice el Camino de Santiago hace casi cuatro décadas ya, o Juan, compañero de la mili que emigró a Estados Unidos y montó un negocio de hostelería que le ha ido muy bien y del que ha llegado a abrir diez locales. De vez en cuando nos reunimos, y nuestras conversaciones son bastante apasionadas.
