Soy un detractor del uso mezquino y dañino que mayoritariamente se hace de las redes sociales. No me gusta la cultura del narcisismo y del postureo que fomenta una baja autoestima de pacotilla basada en el número de likes y comentarios benevolentes que se obtienen de cualquier foto o publicación que se cuelga en un perfil. Detesto la cobardía que hace que cualquier bravucón con un insulto que soltar se escude en el anonimato liberador. Pero lo que de verdad me deja fuera de juego es el lenguaje a veces casi ininteligible que se usa en la mayoría de los comentarios.
