En una era donde la comunicación fluye más rápida que nunca, es lamentable observar cómo la relación entre los ciudadanos y los políticos de Ceuta ha llegado a un punto de vergonzosa desconexión. Si bien es cierto que las llamadas y otros canales de comunicación pueden llegar a ser invasivos en ciertas circunstancias, no se puede justificar el silencio absoluto por parte de ciertos políticos, quienes han optado por ignorar a sus electores como si fueran una molestia insignificante.

