Otra vez un contenedor ardiendo. Otra vez el humo, el olor a plástico quemado y la preocupación de los vecinos que, de madrugada o en plena tarde, ven cómo una gamberrada se convierte en un problema serio. La última escena ha terminado con la detención de un individuo sorprendido “in fraganti” mientras prendía fuego a un contenedor. Y sí, aplaudimos la rápida intervención policial, pero no podemos evitar preguntarnos: ¿hasta cuándo vamos a tolerar estas barbaridades?

